La historia real.
Empezamos con la típica mentalidad de distribuidor listillo.
Llevábamos un catálogo de 500 referencias bajo el brazo: quesos raros, fiambres de mil clases y postres que no conocía ni su padre.
¿El resultado?
El hostelero nos miraba con cara de póker, se le acumulaba la merma en la cámara y acababa harto de nosotros.
Un viejo zorro de la hostelería en Argüelles nos quitó la tontería de un plumazo:
«Chachos, dejad de marearme. Yo solo necesito cuatro cosas para que mi barra gane dinero: un buen queso que la gente pida con el vino, un jamón y unos embutidos que rindan al corte, unas latas finas para el aperitivo y una tarta de queso que vuele en la sobremesa. Lo demás es morralla».
Esa misma tarde tiramos el catálogo a la basura.
En Sabordirecto.com nos quitamos de milongas.
No tenemos 500 productos.
Solo tenemos estas cuatro partidas seleccionadas a golpe de prueba y error, en lotes cerrados que entran directos en tu cámara y hacen caja desde el primer día.
Pruebas, haces números el domingo al cerrar la caja y decides.
Si te rinde, nos escribes por WhatsApp y nos pides más.
Si no, tan amigos.
